GUERRA DE ALMOHADAS

Guerra de Almohadas

De lo más interesante de la escena under de Buenos Aires de los últimos años, el cuarteto sorprendió a todos con su segundo disco, Baladas para Telos del Futuro. La banda que todos escucharán (quizás) mañana, aquí y ahora. Reflexiones y diálogo con Tomás Stagnaro, Paul Thielen, y su productor y guía, Daniel Melero.

Mainstream

La sociología aparece en el mundo para alertarnos que detrás de nuestras pretendidamente libres elecciones está el peso de la sociedad influyendo en las mismas. Nuestras vidas están marcadas por la música, hay una memoria emocional que nos conecta a esas canciones con ciertos momentos que pasamos, con nuestra gente y esos lugares.

Y casi los mismos nombres se repiten entre los ganadores de la industria discográfica, y las canciones, artistas y discos más escuchados en estos días de balances y reviews de un 2013 que llega a su fin; los más escuchados en Spotify son los candidatos a los Grammys que se entregan en Enero, por mencionar un ejemplo.

Aún en tiempos de música como información donde es de mas libre acceso que nunca antes en la historia a través de la Internet, en este mundo globalmente corporativizado es la industria hegemónica o mainstream la que continúa aportando la música que más se escucha. En números, se calcula que alrededor del 70% de la música que suena aquí o allá pertenece a Universal, Sony o la Warner; los tres grandes sellos globales de identidad estadounidense.

El under

La primera vez que oí hablar de los Guerra de Almohadas fue hablando con Rodrigo Ottaviano, manager de la banda y de Daniel Melero. Conocer una escena musical es algo que se construye más allá de canciones, discos y algunos escritos, deambulando entre conciertos. Por eso acostumbro a preguntar a los nativos de otras longitudes y latitudes que hay de lindo para escuchar por esos lugares donde uno juega de visitante.

Todo músico o banda, hasta los más consagrados, fueron under al iniciarse. El under es ese espacio donde obviamente se dan unas libertades difíciles de encontrar en una industria discográfica comúnmente más centrada en las ventas que en el hecho artístico. Las experimentaciones, las búsquedas estilísticas y sonoras encuentran atmósferas más favorables entre las bandas emergentes que aquellas con una identidad formada y aceptada que busca nuevos hits con fórmulas que suelen repetirse una y otra vez. Y obviamente, la originalidad no es precisamente lo que abunda…

Camino a las Baladas para Telos del Futuro

En el 2010 los Guerra de Almohadas editan su homónimo disco debut con una producción independiente de Juan Stewart (ex Jaime Sin Tierra). La Rolling Stone argenta los reseña con justeza por entonces: “Cuatro pibes de Capital Federal fanatizados con el sonido de los 90 editan el debut más emocionante de la temporada.” El disco te vuela la peluca con 10 temas de impronta británica, nostalgia alternativa noventosa en canciones divertidas. “Queríamos hacer una mezcla de Pavement con algo más bailable”, decía en la nota mencionada Tomás Stagnaro, vocalista, tecladista y compositor principal de la banda.

A principios de este 2013 los GDA anuncian la grabación de su nuevo disco con la producción de Daniel Melero. Doble expectativa tratándose de su álbum sucesor con la guía del gran estratega del under argentino. Y cuando podíamos esperar algo más o menos en la línea de su obra previa, sale “Cansado”, el primer corte y hit de Baladas para Telos del Futuro que  sorprendió con un sonido renovado que exhibiendo la madurez musical de la banda y esa sensualidad que anticipaba ya el título del disco.

Respecto al cambio comentan sus protagonistas: “Queríamos hacer otras cosas” (Stagnaro). “Lo primero que quisimos hacer es desprendernos de toda dirección concreta. Y creo que lo logramos,  porque nadie logró encajar este disco en ningún nombre, ja ja (Thielen). “Sobre todo no queríamos pegarnos a un género en particular, que es lo que suele pasar… el encasillamiento. Una de las cosas que nos interesaban era no ligarnos a estructuras prefijas, estructuras de canción típicas. Y al ligarnos con Daniel se extremizó un poco ese costado más libre, más ambiguo que tenían algunas canciones. (Stagnaro)”

Trabajando con Melero

El encuentro con el inquieto músico y productor tiene más de confluencia que de búsqueda. Primero convergen los GDA con Melero y su banda en la misma sala de ensayo. Stagnaro trata de recordar el primer encuentro con él en una impensada escena viendo un partido del pasado mundial de Sudáfrica ahí en la tele. Luego con los ensayos de los temas de este último disco, el interés de Melero por la música de estos muchachos iría en aumento. Se sabe, el caballero es un explorador de sonidos. Más allá de su profusa y ecléctica discografía, ha sabido estar presente también acompañando momentos clave del rock nacional como lo son el inicio de los Soda Stereo a comienzos de los 80’s (y luego para discos emblemáticos de la banda como Canción Animal o Dynamo), al igual que con los debuts de Babasónicos y Los Brujos para el movimiento del Nuevo Rock Argentino en los 90’s. Melero descubre en los ensayos de los Guerra de Almohadas algo bueno y nuevo que estaba saliendo de ahí. Todo decantaría así en un trabajo de producción entre íntimo y espontáneo con ellos en base a dos días de grabación.

Y si hay algo que diferencia a Baladas para Telos del Futuro respecto de su predecesor es precisamente el empleo del tiempo. En su primer disco las canciones se suceden con un formato contundente entre el rock y el pop en buena medida merced a los riffs de su guitarrista Juan Leborans. Este último álbum por el contrario empieza con una nota de piano disonante que se repite como un eco del cual se acopla un grávido sintetizador y la distorsión de Leborans que se pone sexi. El sello de Melero, el gran piloto del caos sonoro argentino, se hace presente en este opus de 7:44 que abre magistralmente el disco, esos destellos de piano son de él; suena “Sola” y el disco de entrada sorprende, encanta, seduce y… también desconcierta un poco, cómo demandando cortésmente una escucha más profunda.

“Melero también nos ayudó a sacar la ansiedad a la hora de cerrar los temas y dejar espacio para encontrar esos momentos bellos que se fueron dando en el estudio y que quedaron en el disco finalmente. Hacer el disco en solo dos días fue una iniciativa de él, confiando en que ahí mismo iban a surgir cosas incluso mejores que las que podíamos llegar a haber preparado ensayando. (Thielen) “Lo que está bueno es que grabamos en sólo dos días, lo cual puede provocar bastante ansiedad, pero el disco terminó sonando muy relajado.(Stagnaro).” “Él es muy espontáneo y divertido, te hace sentir cómodo rápidamente. Tenerlo en el control nos sacó mucho peso a la hora de grabar. No necesitábamos estar completamente atentos a todo lo que pase y como iba quedando. Eso nos permitió volar alto en poco tiempo. (Thielen)” “Él desde el principio estaba convencido del disco que íbamos a hacer, incluso cuando nosotros no  sabíamos cómo iba a quedar; el estaba muy seguro de nuestro material y nos transmitió esa seguridad a la hora de grabar y tocar. Y tocar con él es genial porque nunca se sabe que va a pasar. (Stagnaro)

Trabajando con Guerra de Almohadas

Melero habla con admiración con admiración del cuarteto completado con el bajista Facundo Nakamura, con un cariño cuasi paternal. “Yo los veía muy chiquitos a ellos, los veía muy jóvenes, lo siguen siendo. Son muy chicos y yo cada vez más viejo. Paralelamente después tuvimos una reunión y fechamos un compromiso… que probaran otro sistema para las canciones. Ellos ensayaron muy consistentemente. Y lo que sí, durante un prolongado tiempo yo estuve mezclando en casa. Y nadie quería sacarlo, como ocurrió con grandes discos para mi de las últimas décadas, el primero de Soda, el primero de Los Brujos por ejemplo. Y yo creo que ellos tuvieron mucho más de abertura, y así como los veía muy chicos, absorben información a una velocidad y con una inteligencia notable. Estoy muy orgulloso del disco que hicimos. No parece una banda inexperta en el estudio.”

Y respecto a esta impronta del tiempo que conduce buena parte del disco comenta: “Yo insistí mucho y ellos lo valoraron. Que se tomaran mucho tiempo para desarrollar las canciones. Yo creo que uno de los elementos interesantes en el disco es que justamente empieza, y podría ser un disco de dub o de Pink Floyd. Se toman un tiempo enorme para desarrollar una canción, y a la vez te proponen de esa manera sumergirte en la canción, salir de esa urgencia que se escucha hoy en la música; se escuchan unos segundos y parece que uno sabe todo de una canción. Acá todo el tiempo hay como un preludio a la música. Es algo verdaderamente inusual y pocas bandas pueden lograrlo.”

Entre profético y errante, Daniel pone toda su fe en el cuarteto vislumbrando un reconocimiento  que hoy todavía están lejos de alcanzar en una escena de rock de Buenos Aires que pareciera recién comenzar a despegarse del rock chabón: “Guerra de Almohadas para mi es una banda de estadio muy poco conocida, tienen argumentos de estadio pero de un estadio muy distinto a como son todavía las bandas de estadio actuales de esas que se consagraron…Tengo la impresión de que GDA puede inaugurar dentro de años una situación de estadio distinta. Pero bueno, el destino dirá. Lo importante es que hoy en día hicieron tal vez uno de los discos más importantes en mucho tiempo, y que merece ser escuchado, y perder menos tiempo en aquello que te dan muy fácilmente, aquello que te dan muy fácilmente probablemente también es un engaño, esa información que te llega muy fácil. Hay que hacer un esfuerzo por obtener información genuina. Y no es tan grande el esfuerzo. Con Internet a través de esta nota pueden escuchar a Guerra de Almohadas por ejemplo”.

Ed. Alt. en Los Andes

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