LA ESTRATEGIA DE LA LENTITUD

La estrategia de la lentitud

Carl Honoré ha puesto a reflexionar a medio mundo al compás de la filosofía slow. Desde Londres comparte algunas impresiones sobre sus libros, la educación de los niños y la vida en Argentina con un guiño especial para Mendoza.

Todo comenzó con vos en el aeropuerto de Roma y ese artículo del diario acerca de esta colección de cuentos condensados en audio de un minuto que estabas pensando comprar, cuando te das cuenta de que estabas yendo en la rápida, equivocada y socialmente usual dirección de esta época. ¿Qué cambió en tu vida luego de eso en estos años?

En el pasado, cada momento de mi vida era una carrera contra el reloj. Ahora casi nunca me siento apresurado. Hago menos cosas pero las hago mejor y las disfruto más. Tomo recreos durante la jornada laboral para relajarme, comer y hacer un poco de meditación. Dejé de usar reloj, lo cual me ayudó a dejar de ser tan neurótico con el tiempo. Me desconecto de mi tecnología cada vez que puedo (email, iPhone, etc), a fin de evitar estar siempre conectado. Se trata más de calidad que de cantidad.

Ahora tengo tiempo para esos momentos que le dan significado y textura a la vida, leyendo una relajada historia antes de dormir a mis hijos, disfrutando de una copa de vino con mi esposa en el atardecer, conversando con un vecino, deteniéndome para observar un edificio bello o la puesta del sol. Siento que ahora estoy viviendo mi vida en lugar de correr a través de ella.

El “Elogio de la lentitud” y especialmente “Bajo presión” comienzan con algunas reflexiones acerca de tus hijos. Encuentro realmente curioso como la sociedad trata insistentemente de educar a los niños cuando a menudo tenemos nosotros los adultos tanto que aprender de ellos.

Totalmente de acuerdo. Creo que estamos haciendo todo mal. Tratamos a los niños como productos y proyectos antes que personas. Hemos convertido a la niñez en una carrera hacia la perfección.

La verdad es que criar a un hijo debería ser un viaje de descubrimiento. Tomas la mano de tu hijo y le dices: “Encontremos juntos quién eres”. Y en el camino podemos descubrir un montón acerca de nosotros mismos -si bajamos unos cambios y abrimos nuestras mentes y nuestros corazones.

Ciertamente podemos aprender muchísimo con los niños acerca de las alegrías y los beneficios del juego y de ese soñar despierto.

En tu último libro, La lentitud como método, comenzás lamentando tu dolor de espalda y tu recurrencia a alternativas fáciles que no funcionan. Cuando otros autores quizá se presentarían como los “gurúes slow”, vos escribís abiertamente de tus propios problemas lidiando con un estilo de vida más calmo. ¿Pensás que este acercamiento a tus lectores es una de las bases de la gran receptividad de tus libros?

Quizás, sí. Realmente jamás pienso en mí como un oráculo que sabe todas las respuestas. Escribo en orden de aprender y descubrir, y llevo lectores a lo largo de ese trayecto. Cuando la gente me llama “guru”, tan sólo me río porque soy la última persona a la que le gustan los gurúes que vas a conocer. Mi instinto es mostrar antes que contar, hacer preguntas en lugar de enseñar tablas de piedra. Además soy naturalmente escéptico, por lo que mi escritura sopesa ambos lados de un argumento y mis libros son siempre rigurosamente investigados y chequeados. Tomo distancia de pronunciamientos infundados que no tienen asidero. Veo mi rol como el de alguien que se toma su tiempo para examinar las evidencias, hacer una investigación y un pensamiento profundo, y luego hacer esas ideas complejas lo más accesibles y simples que se pueda. Pero fundamentalmente quiero lectores que recreen esto en su propia mente. Y creo que la gente aprecia eso. No le hablo al lector desde arriba. Lo siento como si fuéramos de viaje juntos y conversando.

Tu debut editorial ha sido un best seller internacional, siendo tu trabajo traducido a más de 30 idiomas. ¿Algún consejo para los nuevos escritores?

Focaliza más en la escritura que en la carrera. Pule tu oficio haciendo preguntas, escuchando, leyendo ampliamente y escribiendo lo más que puedas. Y en cuanto a hacer carrera: lanzate a ella, y abrite a la posibilidad de escribir gratis para establecer una base de apoyo. No temas lanzar ideas a las más prestigiosas publicaciones o los más prestigiosos agentes. Una buena idea combinada con buena escritura es un atractivo para los editores, de todas maneras acorta tu CV.

Es además importante amar escribir por la mera razón de hacerlo. Un amor por el oficio mismo. Escribir puede ser una brutal y solitaria tarea. Si no amas el acto de escribir, de juntar palabras en la página, nunca lograrás atravesar las partes oscuras.

Creo que la mirada del extranjero con frecuencia puede ser más objetiva que la de alguien nativo. Vos has vivido tres años en Buenos Aires, ¿cómo ves a la Argentina?

Ah mi querida Argentina!

Estar alejado del “primer mundo” puede ser una desventaja porque la gente cree que hay que correr para llegar ahí. E impone la necesidad de trabajar muchas horas para poder comprar las cosas que tenemos aquí. Pero la ventaja es que los argentinos pueden mirar el primer mundo y aprender de nuestros errores.

También Argentina tiene cosas que vacunan contra el virus de la prisa. Por ser una cultura latina la familia es muy importante, y la familia te obliga a desacelerar. Los argentinos tienen costumbres como el asado y el mate que promueven ritmos más lentos. Una cosa que me llamó mucho la atención es que aún en Buenos Aires nunca ves a la gente comer en la calle (cosa que se ve siempre en Londres o Nueva York). Los porteños saben gozar del almuerzo o la cena en un bar o restaurante.

Argentina, o al menos Buenos Aires, es además una ciudad muy habladora donde las personas gustan de charlar y ser psicoanalizados -y esa tradición de reflexión y conexión puede desacelerarnos.

Y pienso acerca del asado mismo. Es el ritual Slow definitivo -lleva tiempo preparar el fuego, luego tenés que cocinar la carne a la velocidad precisa (no muy rápido, no muy lento), después te sentás con amigos y compartes la comida conversando. No podés hacer un asado solo o a las apuradas.

Dicho esto, vivir a un ritmo equilibrado y con buena calidad de vida es difícil en Argentina. Hay mucho mal Slow: la burocracia, tratar de hacer cualquier trámite, los atascos de tráfico.

Cuando se trata de abarcar el largo plazo, las soluciones profundas que exploro en “La lentitud como método”, Argentina es también una desventaja. Es caótica y miope, lo que lleva a la gente a soluciones cortoplacistas. La cultura del atarlo con alambre.

No es imposible traer Slow a Argentina. Es por ello que incluí ejemplos de otras partes de Latinoamérica en el nuevo libro. Colombia es muy disfuncional también, pero mira los cambios que han logrado en Bogotá.

Mendoza está cambiando con el mundo, pero todavía tenemos mayormente la tradición de la siesta luego del almuerzo, estamos transformando nuestras ciudades para hacerlas más amigables a la bicicleta, hay además un incipiente movimiento orgánico, tenemos esa caracter “de provincia” en nuestro adn cultural, el ritmo folclórico de Mendoza es la tonada (uno de las más dulces y serenas cadencias del folclore argentino)… Por supuesto también nosotros libramos nuestras batallas contra el tiempo más que nada con el trabajo, pero después de todo, no estamos tan mal, ah?

¡Que encantador retrato has dibujado! Tengo recuerdos muy felices visitando Mendoza. Largos almuerzos, vino fabuloso, buena conversación, atardeceres relajados. Deberían defender y promover estos atributos. No cómo placeres culposos sino como el arte del buen vivir. Y recordar que ir más despacio es también el modo de ser más eficiente, productivo y creativo en el lugar de trabajo.

Mientras el mundo continúe acelerándose, vamos a necesitar el contrapeso Slow más y más. Así que no pierdan la esperanza. Las placas tectónicas están cambiando. La revolución Slow llegará a la Argentina. Podría llegar lentamente. ¡Y quizá Mendoza lidere el camino!

Fuente: Los Andes

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