LO QUE SUENA AL OTRO LADO DE LAS MONTAÑAS

Lo que suena al otro lado de las montañas

Tienen entre 26 y 35 años los nuevos embajadores musicales chilenos que se proyectan al mundo: Ana Tijoux, Gepe y Francisca Valenzuela suenan cada uno con estilo y brillo propio.

Ana Tijoux

Hija de exiliados políticos durante el régimen de Pinochet, Ana Tijoux nace en Francia donde toma pronto contacto con la música y la cultura del hip hop. Con la vuelta a la democracia en los ‘90 se instala definitivamente en Chile donde comienza a hacer migas con los raperos locales. Graba junto a Los Tetas su hit ‘MTVideano’ de “La Medicina”, y forma luego Makiza, una banda que dejó marcada su estela en la escena del rap chileno con tres discos de fuerte crítica social y política.

Buscando su propio camino musical vuelve a Francia, colabora con Julieta Venegas en dos ocasiones, una de ellas para el hit “Eres para mí”, como preámbulo del primer disco solista de la chilena donde su amiga mexicana le devuelve el favor cantando con ella. Su segundo disco tiene un promotor de lujo: Thom Yorke recomienda “1977”, el track que titula este segundo trabajo, y los ojos y oídos del mundo se posan en ella, apareciendo el track luego en un capítulo de la popular serie de TV “Breaking Bad”. “La bala” es su último álbum, con una producción musical de altísimo nivel a cargo del productor y jazzista Andrés Celis, donde canta junto a Jorge Drexler el tema “Sacar la voz”.

De expresión calma y rasgos que enseñan sus raíces indígenas, Ana Tijoux libra sus batallas con su métrica precisa como en este adelanto de su cuarto disco a publicarse el 18 de Marzo próximo con el single “Vengo”: “Vengo en busca de respuestas / Con el manojo lleno y las venas abiertas / Vengo como un libro abierto / ansiosa de aprender la historia no contada de nuestros ancestros / Con el viento que dejaron los abuelos y que vive en cada pensamiento / de esta amada tierra, tierra / Quien sabe cuidarlo es quien de verdad la quiere”.

Gepe

Frescura, espontaneidad, búsqueda. Esas son las primeras palabras que se me vienen en mente a la hora de hacer el nada sencillo intento por describir el variopinto universo musical de Gepe. Pareciera no conocer límites el muchacho, salta de la batería al bajo, la guitarra, el charango o el teclado o los beats. Del indie, al rock, pop, las raíces folclóricas, bases electrónicas y ritmos bailables que bordean el reggaeton. Todo eso es Gepe. Y vaya él a saber con qué nos sorprenderá mañana.

Surgido de la escena indie pop chilena con el dúo Taller Dejao con quien grabara su primer disco “El brillo que tiene es lo humano que le queda”, y luego como músico de Javiera Mena, Gepe inicia su carrera solista en el 2005 con “Gepinto”, obra debut que recuerda al folk chileno de Violeta Parra, pero donde se hace presente la exploración musical que lo caracteriza. En “Hungría” (2007) ahonda en un sonido más intimista con sintetizador, programaciones y su voz sencilla y gentil más desnuda. “Audiovision” (2010) de entrada suena con palmas que agitan a un artista que sale más pa’ fuera con su calidez musical, entre ritmos que invitan a bailar. Su último trabajo, bautizado simplemente como “Gp”, exhibe la madurez de un músico que se consolida como cantor popular, y ya habiendo conquistado el corazón de su país se proyecta a Latinoamérica con ritmos vibrantes y una estética cuidada, aunque cierra el disco cantando a guitarrita pelada como en sus inicios; como para decir quizá que pese al éxito, sigue siendo el mismo muchacho de siempre.

Gepe le canta a las cosas cotidianas de la vida, con unas letras simples logra ese encanto de hacer extraordinario lo ordinario a fuerza de música. Así es “Fruta y té”: “Cuando me dormí soñé contigo / Pero lo mejor es que estabas aquí / con la boca abierta durmiendo a pata suelta / Era un buen sueño, pero prefiero estés aquí / Tengo un té calentito / Fruta, pan y café / pa’tomar desayunito / cuando te despiertes”.

Francisca Valenzuela

Al igual que Tijoux, Francisca Valenzuela nace y crece fuera de Chile, hija de destacados científicos en el campo de la biotecnología, la ciudad de San Francisco (Estados Unidos) sería su hogar. Allí tomaría un temprano contacto con la música recibiendo clases desde los 7 años. A los 10 ya tocaba la guitarra acústica, estudiaba piano clásico, comenzaba a componer sus canciones. No sólo para la música vivía la prodigiosa Francisca, a los 12 años publica dos libros, uno de poemas titulado “Defenseless Waters” (Aguas Indefensas) y prologando por su vecina de entonces Isabel Allende, y otro de cuentos denominado “Abejorros/Madurar” editado por Plaza y Janés con distribución en España y Latinoamérica. Con estos antecedentes se podía esperar un éxito asegurado en la música, pero sus tempranas composiciones tuvieron que aguardar unos años, pues nadie quería editar a esta inquieta mujercilla, reinstalada en un Chile que se le mostraba esquivo. Y fueron de las primeras herramientas 2.0, MySpace y Fotolog, las que le sirvieron para llamar la atención.

Así en el 2007 edita su primer disco “Muérdete la lengua” con las canciones que venía puliendo desde hace años en una producción independiente. “Peces” suena en todos lados y de repente Francisca Valenzuela con sus letras desafiantes era la sensación del rock chileno. La expectativa era grande para su segundo disco y la Valenzuela compuso una obra notable y nuevamente divertida. Ya no era la lady coqueta de la portada de su debut, la muchacha ahora se mostraba de frente con su pecho erguido y los cabellos al viento como un “Buen Soldado”, disco que recibiría una unánime aceptación y reconocimiento en Latinoamérica, Estados Unidos y España. Hasta Bonno la llamaría por teléfono invitándola a tocar con los U2 en Chile para su “360º Tour”.

A Francisca Valenzuela pareciera cultivar el gusto por delirarle a los tipos, y la verdad es que lo hace muy bien, para el tema que abre y da nombre a su último disco se ponen en la piel de uno de esos personajes abominables que pretenden llevarse el mundo por delante: “Cuanto me consigo con un peso / Con cuanto me consigo yo un beso en este lugar / de perdidos, prohibidos, destruidos, deprimidos, fracasados, mal heridos / Y yo no soy igual, no soy igual / Porque siempre consigo lo que quiero / Es éxito lo tengo / Tengo un buen rabo / Soy un buen soldado – siempre lo seré / Porque tengo un buen macho wey.

Epílogo

No mucho más para decir, damas y caballeros. Bueno, en realidad sí… En Chile se escucha mucha música argentina, poco y nada suena de ellos por estos lares.  Artistas de primer nivel y originalísimos como Ana Tijoux, Gepe o Francisca Valenzuela nos invitan a salir de los lugares comunes donde recibimos la música de afuera, y parar nuestros oídos a la riqueza musical que tenemos casi ignorada ahí al ladito nomás. Denle play a estos, quizá se sorprendan tanto cómo yo.

Ed. Alt. en Los Andes

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