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Marcelino Altamirano y el poder de la redención

En medio del debate nacional por la baja de la imputabilidad penal a los menores, se fue quien supo acompañar como nadie en Mendoza la transformación de jóvenes con la “Casita Puente Afectivo”, dejando un verdadero ejemplo de vida a seguir.

Twitter anuncia la partida del Marcelino y los diarios lo confirman en este Sábado gris y lluvioso del 4 de Febrero del 2017.

Nuevamente comienzan proliferar las notas que hacen alarde del “ex bandido devenido en benefactor social” en los periódicos.

Lo conocí a Marcelino cuando estábamos acompañándolo al Padre Jorge Contreras en el Hospital del Carmen en el 2008. Recuerdo que me impactó su alegría y carisma que llevaba firme pese a las marcas visibles de una vida que lo había cagado bastante a palos entre la calle, los asaltos y las cárceles que fueron su vida hasta que encontró a Dios y se hizo libre cumpliendo su condena en el penal de Boulogne Sur Mer para no volver a escaparse nunca más. El tipo te saludaba desde la vez primera con una gran sonrisa entre sus bigotazos y los dientes que le quedaban, como si fuera un amigo de toda la vida. Desde ese momento no había otra chance de saludarlo cuando lo veías, que llamándole “hermano”.

El Doctor y autor Néstor Almagro veía en él al gaucho Martín Fierro versión menduca contemporánea, aquél que tuvo también una “Ida” fuerte marcada por el abandono, el delito y las drogas, y una “Vuelta” acorde de redención, paz y servicio al prójimo. Los jóvenes de la “Casita del Puente Afectivo” que fundó en Maipú y llevó adelante estos años son él, los que refleja Almagro en su obra “Tiempo del Hombre Nuevo”, el Brian Alaniz que salió en todos los diarios para el 2015 saliendo abanderado de su escuela dejando atrás también un pasado de calle, delincuencia y drogas. “In Lak’ech”, es el saludo maya antiguo, “yo soy otro tú”. Marcelino supo construir ese puente afectivo desde la empatía con estos muchachos para dar lugar también a profundas transformaciones.

La Casita del Puente Afectivo ha sido estos años toda una rareza en Mendoza; con “un 70 por ciento de chicos que entraron y se recuperaron”, tal comentaba Marcelino Altamirano en su última entrevista al periodista y biográfo suyo en “Entrevista con el bandido”. En dicha nota del diario Los Andes, comentaba Marcelino sobre la ineficacia del gobierno en la recuperación de los jóvenes que delinquen: “Desde el Estado no se hacen las cosas bien: hay mucha violencia institucional contra los chicos. Mucha burocracia que se ve en los escasos o nulos logros; los menores salen peor que cuando entraron.”

1-oeMv7Ley75d-IEEfTvs1dgEn Tiempo del Hombre Nuevo, escribió Almagro sobre el proyecto de Marcelino que él también supo colaborar: “El mismo permite la recuperación y reinserción social de personas que la sociedad no había tenido en cuenta como propias, y a causa de ello cayeron en la marginalidad. Pero unidos en el derecho a existir, el cual hemos adquirido todos al nacer, hemos comprobado que cada uno trae en su alma la necesidad de lograr un espacio de paz, donde vivir dignamente. Una vez que lo tienen, la transformación es de tal magnitud que supera la ficción, porque es real. Mejora la calidad de convivencia y surgen valores que la sociedad se había encargado de alienar. No hay duda que en la medida que vamos encontrando la verdad que nos hace libres, descubrimos el bien común.”

Escribo esta nota para despedir a ese hombre extraordinario que fue Marcelino Altamirano, con la esperanza y la fe de que tenga esta vez un mejor destino, y de que su historia se recuerde. Cuando se fue Nidia Soto despedimos también a su hogar “Brazos Abiertos”, pero lamentablemente no a la pobreza que sigue siendo parte de esta sociedad.
La obra de Marcelino con La Casita del Puente Afectivo es de suma actualidad en una sociedad condicionada por el aumento de la delincuencia, y un Estado que pareciera perpetuar su fracaso en la recuperación de los jóvenes con el proyecto de baja de imputabilidad penal de los 16 a los 14 años que se debate en la Argentina por estos días.

Se puede cambiar de adentro cuando se cambian las condiciones de afuera, la vida de este hombre y la de los pibes de la casita son prueba de ello.

Recuérdalo.

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