Nisman

R. I. P. Nisman

Si algo se confirma por enésima vez con la trágica muerte del fiscal Nisman es la continuación del menemismo. Retrocedimos más de 20 años ayer, al 18 de Julio de 1994, la sombra del atentado a la AMIA que se hizo niebla y nos muestra como un país estancado, quedado en el tiempo, confundido.

De la pizza con champagne al sushi con champagne, menemismo con derechos humanos y clientelismo político, corrupción y mafia criminal impune.

“Van a venir por mí, con esto me juego la vida”, dijo Nisman luego de presentar ante la Justicia la denuncia contra la Presidenta, el canciller Timerman, Luis D’Elía, el Cuervo Larroque y Fernando Esteche de querer borrar las pistas del caso AMIA que apuntan a Irán, a fin de entablar relaciones comerciales con dicho país.

Y se jugó literalmente la vida. La causa de su muerte a ciencia cierta deja muchas dudas para tomar partido por el asesinato o el suicidio con signo de interrogación al que se profirió CFK con el cinismo perverso que la caracteriza. Los tipos que se van a volar la tapa de los sesos dejan notas de suicido, no de compras para el super. Se aíslan, no se comunican con sus amigos dejando mensajes tranquilizadores. Sea lo que sea, hay que probarlo y en eso está (queremos creer) la Justicia (o lo queda de ella en la Argentina).

Lo cierto es que Nisman murió cómo un mártir, como un patriota que se jugó la vida ante la impunidad con que se ha encubierto el ataque terrorista a la AMIA en este país oscurecido por las fuerzas del peronismo.

Me gustaría caminar en unos años por una calle llamada Alberto Nisman, pero hasta la esperanza flaquea en esta conmoción fatal que nuevamente nos paraliza.

Foto vía Diario El Día

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