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Rehenes con síndrome de Estocolmo

Tema poco visitado por una cultura global que acepta, y lucra, con la tenencia de mascotas sin reconocer lo que hay detrás: aislamiento, control y dominación. Un llamado a la liberación.

Prefiero los gatos a los perros, porque no hay gatos policía.” (Jean Cocteau)

No puedo dejar de pensar en lo estúpida que se ve la vecina de planta baja en su cotidiano intento por controlar a su perro, un labrador hermoso, cada vez que lo saca a la calle a hacer sus necesidades.

Aunque no la culpo. Miro atrás en el tiempo y ahí estoy yo gritándole también a mi perro Pascual, un fox terrier; de las razas más inteligentes de perros que hay, nos contaba por aquellos años un experimentado veterinario amigo de mi Padre. En mi frustración por querer brindarle libertad a mi perro sacándole la correa, inventaba diálogos del tipo: -Se que quieres que me quede acá meando y cagando, pero mi instinto me lleva a salir corriendo para allá como la gran puta. ¡Nos vemos! El fox terrier es una raza de perros creada por los ingleses en el S.XIX para cazar zorros, y he ahí más cerca en el tiempo: el joven Lucas fracasando nuevamente en el estúpido intento de amaestrar su salvajía.

No volví a tener perro ni mascota alguna. Me niego rotundamente. Amo con tanta profundidad a mi libertad, que no puedo concebir la idea de brindarle otra cosa a los seres que amo, humanos, animales y vegetales. Seres sintientes todos al fin y al cabo.

El perro, el mejor amigo del hombre, es una aseveración que debemos discutir. ¿Acaso el antepasado de estos, el lobo, es alguien a quien puedes llamar a silbiditos pa’ acariciarle la cabeza? Ni por asomo eso va funcionar, ni siquiera es una buena idea. El instinto de supervivencia lleva a los animales en su medio natural a huir o defender su territorio de nosotros los humanos. Y no es para menos, somos los responsables del ecocidio del planeta, no esperemos mutualismo de parte de ellos…

Por algo hoy en día los zoológicos del mundo se están cerrando con la convicción cada vez más aceptada de que los animales no han sido creados para entretenimiento de nadie. El primer concepto ecológico para condenar esos espacios que no pertenecen ya a este siglo XXI, es el de depresión endogámica; que habla de la pérdida del recurso genético de los animales confinados allí. El rechazo a estos espacios de encierro ya es vox populi.

Aún así, continúa siendo super popular en el mundo la tenencia de mascotas, perros y gatos especialmente. Por eso es normal que tiendan a huir muchos de esos pobres animales llamados mascotas. Así encontramos a nuestro perro Pascual, perdido en la calle. Aunque se los encierre, se los castre y esterilice para inhibir su instinto de reproducción, se les pongan ridículos abrigos de polar, se les provea de juguetes, baños y hasta asistencia psicológica (toda una industria sumamente lucrativa por cierto), los perros quieren estar entre perros, los gatos entre gatos, y así…

Es inaudito que reconociendo nuestra naturaleza social como seres humanos, las personas confinen en sus casas a sus animales, restringiéndoles el contacto con sus semejantes.

Y más aún, es común encontrar expresiones afectivas del tipo “mi hijo/a”, “mi bebé”, o “mi amor” a la hora de referirse a la mascota. Al respecto comenta el Dr. Hal Herzog, Profesor de Psicología en la Western Carolina University y uno de los fundadores de la “antrozoología”: “Es moralmente problemático, porque mucho gente piensa a las mascotas como personas…. Los consideran parte de sus familias, piensan en ellos como sus mejores amigos. La consecuencia lógica es que mientras más les atribuyamos estas características, tenemos menos derecho a controlar cada aspecto de sus vidas.”

Hal Herzo cover - Some we love, some we hate

Es de entender, en estos contextos de encierro, que el pichicho haga fiesta cuando llega su amo. Así como nosotros tenemos necesidades sociales, afectivas, también la tienen estos animalitos. Además de que dependen por lo general absolutamente de las personas para su alimentación.

Si en algo coinciden los veganos defensores de los animales al igual que vegetarianos, o los carnívoros (omnívoros, en realidad) que tanto critican, es en una tenencia de estas mascotas cuyas prácticas no difieren demasiado de los unos a los otros. Porque no cambia la cosa demasiado si es un bulldog francés comprado como si fuera un producto de alto valor económico, a un pura calle “rescatado del abandono”, “en tenencia responsable”, expresiones propias de un discurso política y ambientalmente correcto que aún así consiente en mirar para otro lado con lo que es el confinamiento de un animal.

Al respecto comenta Ana María Aboglio, abogada especializada en derechos animales fundadora de la ONG “Ánima”, en su libro Veganismo: “Vendidos o propuestos como “compañía”, son atrapados muchas veces como un equívoco afecto que no es más que dependencia y que los convierte en un objeto más.”

Es necesario reconocer que detrás de los cuidados de las personas a sus mascotas, existe una relación de de dominación y control hacia estas, conductas que en relación a los seres humanos vamos a denominar como sencillamente antisociales.

Este tema es muy poco discutido, más no reciente, el mismo Kant alertaba sobre esto en su ensayo de 1784, Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?: “Después de haber entontecido a sus animales domésticos, y procurar cuidadosamente que estas pacíficas criaturas no pueda atreverse a dar un paso sin las andaderas en que han sido encerrados, les muestran el peligro que les amenaza si intentan caminar solos.”

¿Llegará el momento, en este siglo o el próximo, que así como se condenan los zoos, tan populares hace escasos años, también se haga lo mismo con la tenencia de animales de compañía? Si decimos en el caso del primero, que los animales salvajes tienen que estar en su medio natural con los suyos, ¿es acaso el drástico proceso de antropomorfización que ha pretendido extirpar el espíritu salvaje de estos otros animales la excusa para justificar su encierro?

Llamo a la consciencia de los animalistas: Tenemos que liberar a los animales. Va a llevar tiempo, pero debemos hacerlo. Quizás en esto, logremos también, liberarnos nosotros mismos.

#FreeTheAnimals

Fuentes no citadas:

  • Linda Rodriguez McRobbie, “Should we stop keeping pets? Why more and more ethicists say yes”, The Guardian, Agosto 1, 2017. Traducción propia.
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