VIVIR DE LA MÚSICA EN MENDOZA

Vivir de la música en Mendoza

Entre la cotidianeidad de unos y el sueño de otros tantos, charlamos con tres reconocidos laburantes locales de las canciones y los escenarios: Leandro “Canario” Vilariño, Elbi Olalla y Mr. Lity.

El rockero

El “Canario” Vilariño es un tipo reflexivo, medita un instante antes de contestar una pregunta. Reconocido por su calidez y sencillez, el tipo tiene cero ego rockstar, algo ya de por sí doblemente absurdo en una Mendoza más cercana al under que al mainstream (aunque algunos insistan en resaltar esta dicotomía), con una gran respuesta de público ante las visitas nacionales e internacionales, pero usualmente tibia con los talentos locales que también se esfuerzan por salir adelante con sus proyectos musicales.

Los Chancho Va, aún siendo la banda más representativa del género en la provincia, son el clásico ejemplo de tantos músicos que complementan su laburo con una profesión que les brinda una estabilidad económica más difícil de alcanzar con la música. Respecto de esto  comenta el Canario: “Nos parece una actividad (la música) que está al mismo nivel de prioridades que la del trabajo. A veces cuando tocamos cobramos una plata que está buena y otras veces no, no es algo que sea estable como ingreso, pero si vos me preguntás a nivel de importancia, y de pasión, me parece que los que estamos en la banda le brindamos una importancia y una pasión mayor que a los laburos. Es una responsabilidad por ahí un poco más relajada, al tener el otro laburo es más fácil para nosotros encarar el tema de la música. Quizá en un momento  dedicarse por completo a la música, y justamente en el género del rock es medio complejo, es como dificil que tenga continuidad a nivel de ingresos monetarios.

Precisamente, el reconocimiento que su banda tiene es merced a 14 años de laburo que hoy los encuentra en un alto nivel profesional con 3 discos oficiales más otras grabaciones y una evolución artística que se nota en el sonido de la banda, en la gráfica, en los videos, en la sumatoria de lo que es el “producto” llamado Chancho Va. Profesionalización, al fin y al cabo que algunas bandas se pasan por alto en ese ya desgastado cliché a modo de queja de que “siempre los mismos” a la hora de tocar.

Vilariño pone el pecho a las críticas y responde: “Con nosotros se quejan porque aparecemos en muchos recitales, eso lo tenemos claro. La mayoría de las veces el círculo que se queja es el círculo de músicos, no tanto de público. Y eso es como un celo en realidad. Está bueno que haya más diversidad y que la gente se pueda acercar, pero también tiene que ver con un laburo personal de cada banda y de cómo te movés y salís a buscar los toques. Nadie te va a venir a ofrecer nada solo. A nosotros muchas veces no nos vienen a buscar directamente para tocar porque somos Chancho Va, nosotros salimos a buscar el toque, y eso es lo que hay que hacer un montón de veces. Y es cierto que muchas bandas que no son tan conocidas tienen la traba que cuando salen a buscar un espacio para tocar les cuesta más y eso es real. Pero hay que laburarlo a ese espacio, hay que tratar de llevar material, de hablar de una manera más amistosa con la gente que produce un show, de lograr entrar en ese circuito. Es un laburo también que hay que aprender a hacerlo.”

La tanguera

Elbi Olalla es una apasionada de la música. Se ha marketineado tanto esta idea de pasión por el oficio que ha perdido sustancia en el sobreuso y la impostura, pero definitivamente este no es el caso, con el mismo énfasis que Olalla pone sobre el teclado en los conciertos de Altertango, así también se expresa en la charla.

Sobre el oficio de músico dice: “Es una construcción permanente. Yo creo que si hablás con cualquier artista, no sólo en el ámbito de la música, sino en el ámbito de la actuación, arte visual, cualquier arte… Es una construcción permanente que por supuesto con los años, las experiencias, los contactos y las cosas que van sumando, contribuyen a que el círculo, la rueda gire más aceitadamente. Al ser una actividad no regulada, por lo menos en el ámbito en que me manejo yo, hay actividades musicales que sí están reguladas; por ejemplo si vos participás en una orquesta estatal o sos docente universitario tenés garantizado una estabilidad. También tenés garantizado una dósis de rutina laboral que no todas las carreras admiten. El tipo de carrera que yo he armado necesita de un espacio para la contingencia, para lo que va pasando, se va armando en el momento, que hace que yo no podría por ejemplo participar en una orquesta estable donde tendría que estar todos los días ensayando en un horario determinado parecido a una oficina, porque necesito tiempo para viajar, necesito posibilidad para crear cosas. Yo creo que es un proceso creativo similar al de la composición y el arreglo de una música, el proceso creativo de armar una profesión de eso, en donde vos tenés que contar con un montón de aspectos como la situación económica del país en donde estás, de la situación social de los músicos en tu provincia o en tu país… esto pasa en cualquier lado, no sólo en Mendoza.”

Se sabe, son otros tiempos. La teoría de la selección natural desarrollada por Darwin y Wallace nos enseñó que el que sobrevive es el que logra adaptarse mejor a los cambios de su entorno. El negocio de la música cambió y los músicos también tuvieron que adaptarse a los tiempos que corren para no quedarse en el camino.

“Es un tema del cual hablo permanentemente con amigos, con colegas, algo en lo que pienso muchísimo. Y yo te diría que la autogestión, la profesionalización y la organización es casi una obligación y un mandato que lo están entendiendo bien los músicos de la nueva generación. La gente que viene de parámetros más antiguos como los 80, los 90, que todavía existía el rol del productor, el sello que venía y que te organizaba, firmabas un contrato… La gente que creció y se copó con ese modelo le está costando un montón entender de que eso ya no va mas, pero ya no va mas! Está claro. Todos los pibes nuevos, toda la gente joven, la camada que tiene entre 25 y 35 años, la tiene clarísima con eso, y no esperan ningún manager, ningún productor, a lo sumo arman equipos de trabajo con amigos, gente que colabora en una u otra cosa. El músico de rock, o de lo que fuere, en su casa, componiendo y mirando por la venta y esperando que le toquen el timbre para la gira o que se yo hace mucho que no existe. Y si existe, existe para los que producen muchísimo dinero, para Fito Páez o el Chaqueño Palavecino, pero todo el resto de la gente la tiene que remar. Y la industria va cambiando todo el tiempo, entonces esos roles se van desdibujando. Ese momento histórico de la industria musical, del hitazo que salen todos corriendo a comprar el disco, no vuelve mas.”

El rapero

Mr. Lity, el muchacho precoz del hip hop mendocino viene laburando desde los 17 años con su música, con  10 años ya en escena tocando en todos lados como artista de un género que está lejos de ser popular, pero esmerándose al fin y al cabo para hacer buenos temas, buenos discos y shows que cumplen el simple cometido de entretener a las diferentes audiencias a las que se presenta (tanto de la cultura del rap como fuera de esta) para vivir de su arte.

Como con sus rimas arriba del escenario, el Lity piensa, se inspira y responde: “Yo creo que Mendoza está creciendo mucho en todos los sentidos. Y en el de la música, todo aquél que se dedica a laburar lo puede hacer. Mendoza es una escuela que es un poco áspera, pero cuando uno puede agarrarle un poco la mano y el ritmo a cómo va creciendo y a la exigencia, uno lo puede hacer. Y también hace que el producto que uno hace, el arte que uno termina trabajando, concibiendo, cuando lo saca de la provincia ahí uno nota cuanto se ha pulido ese arte. Y cómo vos mismo decías hay cosas que antes no estaban, hay lugares que están teniendo cada vez más onda y que están copándose con la música en vivo, que antes mucho no pasaba, más allá de eventos muy dispersos. Creo que lo que está pasando ahora está bueno, que en varios lugares se pueda tocar, que es al fin y al cabo lo que nos termina dando más trabajo.”

Los altos costos para grabar un disco hoy en día con un buen sonido, con LP’s que van desde alrededor de los $12.000 para arriba, constituyen una inversión de riesgo para bandas y solistas, que en épocas de streaming los discos es más común compartirlos online de forma gratuita para buscar shows y público antes que editarlos y venderlos en formato físico, ni hablar en digital con gente por estos lares muchísimo más acostumbrada a la reproducción y a la descarga antes que a la compra de música online. “Seamos sinceros, después de la Internet los números no cierran nunca. El laburo hoy en día pasa por los toques en vivo. Si no te tenés que meter con las productoras, pero se llevan un porcentaje grande del laburo del músico.”  

Estos altos precios para grabar sumados a la revolución tecnológica y digital han dado a que muchos músicos opten por equiparse y formarse en software para producir su propia música. “Hay gente que en los home studio están haciendo milagros con los estudios que arman en sus casas, han creado y grabado cosas de un nivel muy bueno, eso no se puede negar y acá en Mendoza hay muchos que lo hacen muy bien”.

Ed. Alt. en Los Andes

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